Película norteamericana La lista de Schindler (Schindler’s List) de Steven Spielberg

Hay que reconocer que el guion es bueno, el director tiene oficio, lo tenía, lo tiene. Los actores también lo tienen. Rodada en blanco y negro, con un momento de color, la niña pérdida entre la barbarie, con abrigo rojo, entonces viva, luego reconociéndola por ese abrigo entre los cuerpos sin vida de los asesinados. Momento que marca el antes y después del empresario,  Schindler.

La guerra saca lo peor del ser humano, la Segunda Guerra Mundial, marco donde se sitúa la historia de los miles de hombres, mujeres y niños trasladados a campos de concentración.  Judíos y no judíos, masacrados a los que se les trató como seres inhumanos.

Me trae a la cabeza lo que ocurre ahora, con la guerra de Siria, con los campos de refugiados en Europa que se parecen tanto a esos guetos vergonzosos de la Polonia ocupada. Y me da por pensar que no hemos aprendido mucho desde entonces, solo a mirar descaradamente hacia otro lado.

Pensar también en los judíos en Israel con los palestinos. La violencia es contagiosa. Para muestra echar un vistazo a la actualidad.

Buena película en general, no es de mis favoritas, le falta sentimiento que no sentimentalismo. E incluso ahora, con el paso del tiempo, le falta perspectiva.

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kms de distancia

Allí estábamos, los cuatro haciendo malabares con el tiempo. Me imaginaba que vendría el camarero o la camarera y pitaría tiempo muerto. No pasó nada parecido.

Esteban estaba sumergido en un silencio profundo y espeso, Jorge parecía estar a 10.000 kms de distancia, Lorena hacía y deshacía un bucle infinito con un mechón de su pelo negro.

Pensé que habíamos hecho el esfuerzo para nada. Últimamente vernos suponía un esfuerzo mal disimulado. Estuve por mandar un mensaje de whassap, diciendo “no puedo ir”. No lo hice, porque mi pepito grillo me susurró al oído que fuese. Sin pensar. A veces pienso demasiado. Creo que todos coqueteamos con la misma idea y nadie se decidió a mandar el mensaje diciendo que no venía.

Y allí estábamos, sentados en aquella mesa con olor a madera siendo un sucedáneo, estaba hecha con virutas compactas del polvo de la serrería. Era lo más interesante de aquella noche. Sugirieron beber y acabamos borrachos. Recogí al despedirme del suelo, los trozos de nostalgia por los días donde podíamos reírnos y llorar juntos. Recogí también las ganas de vernos y las tiré al salir junto a la colilla, a la papelera.

No les dije que Tatiana y yo estamos intentando ser madres. Ni les conté que en la última revisión ginecológica me han detectado un bulto extraño en el pecho que me ha hecho sentir miedo, un miedo irracional que a veces se me queda pegado en la garganta y no me deja hablar. Tampoco hemos hablado de la muerte del padre de Esteban. Esa que me perdí por estar lejos, hace un mes. Este viaje era para vernos, para abrazarnos. Solo quería eso. Me imaginé que todos teníamos en la cabeza una idea preconcebida. Me imaginé y al final no dije nada. Nadie dijo nada.

Todo pasó deprisa y me di cuenta que Tatiana estaría en casa esperándome. Me lamería las heridas cuando me pusiese a llorar porque acababa de enterrar una amistad que creía infinita.

Creo que ya puedo ser madre. Hasta ayer tenía mis dudas.

Rocco

Quien no tenga mascotas no lo va a entender.

Así que hablo para los amantes de los animales. Llevo dos días y sus noches conectado a Facebook recibiendo las condolencias de un grupo de gente que conocí a través de esa red social. No nos hemos visto nunca físicamente pero noto el calor humano de sus sentidas palabras. Llamé a mi jefe y entendió perfectamente que me cogiese dos días libres.

En esas 48 horas mi vida ha dado un giro de 360 grados y no solo por la pérdida de Rocco. En el muslo derecho tengo un hueco para el tatuaje que me voy a hacer. He repartido mi tiempo entre Facebook y búsquedas de tatuajes en google.

Me voy a tatuar a Rocco, mi difunto perro. Un tatuaje en blanco y negro. Ya tengo todo preparado. Estoy ultimando los detalles. Tengo cita con la tatuadora a las 17. Antes he de pasarme por el crematorio a recoger las cenizas de Rocco. Me voy a hacer un tatuaje con sus cenizas.

Película británica The Duke of Burgundy de Peter Strickland

Drama amoroso entre dos mujeres que establecen una relación sexual sadomasoquista. La película no cuenta lo que quiere, lo descubrí al ver los ¡¡¡45 minutos!!! de escenas extras, donde el director cuenta otra historia, o perfila la que se cuenta en la cinta, que se queda a medias, inconclusa.

Me recordó, salvando las inmensas distancias,  a la cinta de La ardilla roja de Julio Medem, donde las imágenes de la televisión del documental sobre la ardilla roja que estaban siendo vistas por el protagonista se mezclaban con la historia contada en la cinta.

En esta película, las polillas y mariposas, son parte interesada que no interesante de un relato que se queda corto en todo, en la historia amorosa, en la historia sexual, en general. Y se hace larga, demasiado larga. Vi los 45 minutos extras, para comprobar si había perdido matices y sutilezas de la historia. Son bastante prescindibles los extras, también la película. Lo más interesante los datos de las polillas y mariposas y tampoco llega. Es una película plana y eso decirlo de un drama amoroso hace que me haya dejado indiferente.

Bomba de relojería

Duele aunque no tenga nada roto.

Duele tanto que parece que alguien ha instalado una bomba de relojería dentro de mi cuerpo, cerca del corazón, encajonada entre las costillas haciendo tic tac, como el reloj que se come el cocodrilo que persigue al capitán Garfio. Oigo el tic tac en mi cabeza y noto como el corazón se ha hecho pequeño para dejar espacio a la bomba. Duele, por si no ha quedado claro desde el principio.

Hace 12 horas no dolía, a las 9 de esta mañana de un día cualquiera de este otoño que tiene un sabor a verano tardío, creí haber recibido una de las mejores noticias del año.

Fue aquella llamada que había estado esperando, confirmándome que tenía la segunda y definitiva entrevista del trabajo para el que me he estado preparando durante tanto tiempo. Tan solo un cambio, el trabajo que podía ofrecerme está a 500 km de donde vivo, un contratiempo, un revés, un momento de duda. Al colgar le llame, para comentarle las noticias, empecé por las malas, lo de los 500 km.

Nuestra relación intermitente no había crecido en los momentos en los que decidimos poner kms de por medio. Era consciente, desde la última vez que estuvimos separados y pese o gracias a las redes sociales y las conexiones en remoto, había descubierto que las discusiones online dejan igual de mal sabor de boca que las discusiones en vivo, mientras que los besos, abrazos y por supuesto el sexo cibernético crea una barrera física difícil de superar cuando nos vemos.

En mi cabeza daba por hecho que a pesar de vivir cada uno en una casa, era algo temporal. Pese a la intermitencia de la relación, íbamos a vivir juntos, 12 horas antes mi vida iba a ser igual compartiéndola con él.

Le explique lo del trabajo y añadí al guiso mis dudas por cómo afectaría a nuestra relación. Me sorprendió la rapidez de su respuesta, no hubo lugar a la duda, no me dijo vamos a pensarlo, por si pudiésemos mudarnos juntos a 500 km. No. Me dijo que ese trabajo sería lo mejor para mi carrera y para mi vida, que no lo dudase.

Ahora tengo una entrevista de trabajo la semana que viene y una bomba de relojería en mi pecho.

Esta tarde preparo la entrevista y tendré sexo con el extraño con el que creí tener una relación.

La vida tiene un extraño sentido del humor.

Agotamiento

Salimos por agotamiento, por un estar ahí en el momento justo, en el lugar preciso.

El vivía en aquella zona, yo solo me mude y por fuerza nos vimos tres veces seguidas, porque el lugar es pequeño, porque hay pocas cosas que se puedan hacer.

A la tercera vez me dijo sin pasión, ¿salimos? y le mire sin curiosidad ni escepticismo. Y el me aclaró, como si hiciese falta la aclaración, salir de una cita. Y pensé que el mundo gira igual aunque el agua del water lo haga en sentido contrario en cualquier lugar del mundo. La especie humana no nos extinguimos por agotamiento.

Película norteamericana 12 hombres sin piedad (12 Angry Men) de Sidney Lumet

Magnífica película, solido guion, buenos actores, todo encaja como un puzzle hecho a medida.

Se desarrolla la historia en una habitación, donde un jurado compuesto por 12 hombres tienen que llegar a un veredicto en un juicio por asesinato. Durante el desarrollo de la historia, los gestos, palabras e incluso los silencios irán provocando giros inesperados.

El ser humano parece dibujarse con increíble exactitud en el desfile de personajes que aparecen. El calor, la prisa por alcanzar un veredicto para poder terminar y salir de allí, a continuar con la vida, para ver un partido, para volver a casa, para lo que parece nimiedades comparado con lo que se juzga, la vida de un hombre está en manos de ese jurado. El racismo, el clasismo, los miedos, las vergüenzas, la convivencia, metido a presión en una sala que a ratos parece quedarse pequeña para contener todo lo que ocurre.

Los actores están increíbles, haciendo sus respectivos papeles tan convincentes que en el fondo nos asomamos a lo que no queremos ver, esa alma humana cargada  que se dispara cuando forzamos una convivencia aunque sea temporal, donde nos toca decidir y las cuestiones morales afloran.

Imprescindible de verdad. Una de esas películas que llamaría obra maestra.

Película norteamericana Alicia ya no vive aquí (Alice Doesn’t Live Here Anymore) de Martin Scorsese

La vida cotidiana de una mujer en mitad de ninguna parte, es decir, en cualquier lugar del mundo con un hijo de lengua fácil que hace amistad con una chica aún más deslenguada (una jovencísima Jodie Foster) es la trama de esta película.

Sorprendente cine hecho por Scorsese, por muchos motivos, uno en especial, teniendo en la cabeza el cine duro, bien hecho de sus películas posteriores, las que se desarrollan en el mundo mafioso, esta es mirar por el agujero de la cotidianidad de una mujer bastante común, un juego en el que ella podría ser cualquiera de nosotros.

La violencia está allí, germinando en el maltrato de la pareja, por ejemplo.

Los contrastes entre los personajes, dejan entrever lo que luego desarrolla en su cine posterior, el violento personaje de Harvey Keitel, y como digo los niños, una entonces prometedora Jodie Foster y el actor que hace de hijo de la protagonista, que de niños no tienen nada, al menos esa visión de la infancia que sobrevive en un mundo hostil de adultos imposibles o posibles.

Recomendable y sorprenderte a partes iguales.

Película norteamericana Café Society de Woody Allen

Por favor, que siga rodando películas. Y por favor, que alguna llegue a la calidad que tenían cintas inolvidables que vuelvo a ver con la misma capacidad de reírme, como por ejemplo, Hannah y sus hermanas.

Dicho esto, en esta reutiliza las capacidades, habilidades y experiencia que tiene, es una cinta del montón. Si, para la filmografía del director es del montón. Si, a Almodovar, a Woddy Allen, a Michael Haneke, a parte de la calidad que tienen sus películas, les pido que sean buenas. Y esto es mucho pedir en esta cinta.

Balas sobre Broadway, Maridos y mujeres, Hannah y sus hermanas, por citar tres que me vienen a la cabeza, en las que la de Café Society me parece un corta y pega de algunos de los mejores momentos de las anteriores.

Hasta el protagonista masculino es un clon sin gracia de ese Woody Allen de sus películas iniciales, con esos característicos gestos, del hombre torpón con las mujeres guapas, a veces histriónico, que en Wody Allen tenia cierto encanto, y aquí sobra. Ahí me pareció que debía dar a sus personajes masculinos la libertad de ser torpones a su manera, o de indicarles si lo hacen por voluntad propia que den al personaje matices propios y no copiados de sus personajes anteriores, porque una cosa es rendir tributo a un actor y otro el plagio de su caracterización del personaje.

Se ve, se deja ver. Y cada vez, con cada nueva película me encuentro más perdida. Porque espero más, no solo que se dejen ver.

Película chilena Rara de Pepa San Martín

La historia de una familia, dos hijas, dos madres, un padre y su nueva pareja en Viña del Mar, uno de esos sitios idílicos en apariencia. La vida transcurre entre la rutina de colegios, trabajos y vida social. Un hecho como otro cualquiera hace que la vida de esa familia se revuelva y estalle como un volcán en erupción.

La película está bien contada, quizá demasiado escrupulosamente bien contada, no sé si me explico. El volcán estalla y la historia pasa de puntillas, como si manchase y no hubiese que hacerlo, y la vida mancha y a esta película le falta mancharse, hacerse real, salir de la pantalla, porque eso creo que quería la cinta, contar una historia realista, que al final queda demasiado bien en la pantalla. Los actores y actrices lo hacen todo creíble, incluso lo increíble y es un gran trabajo.

Recomendable sin entusiasmo.