El arte de la conquista

“Soy una bestia extremadamente racional” le suelto y no voy borracha. Nunca he dominado el arte de encandilar a alguien ni en las distancias cortas ni en las largas.

Hay quien cree que esto tiene encanto y otros piensan que es un ataque frontal, ni lo uno ni lo otro.

Simplemente es una forma de ser.

Fernando lo llama irónicamente “el arte de la conquista”.

Puede salir bien y eso quiere decir que va para delante, sin  saber muy bien que va ni a donde, ni distinguir delante de atrás.

395 días después, 12 horas, 37 minutos y 7 segundos él parece no acordarse. Así que se lo digo otra vez.

Y la reacción es la opuesta.

La primera vez nos pegamos como lapas a una roca, buscamos el tesoro oculto en el cuerpo del otro con las manos, los pies, la boca y recorrimos cada centímetro de la piel del otro.

La segunda vez, la frase parece ser un repelente anti mosquitos.

Y yo soy el mosquito.

Él bufa y hace un molinillo con la mano, algo así como un escudo invisible que desata un campo de fuerza que me repele. Y se va.

Fin de la Historia.

 

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Quedamos nosotros

Aunque ni tu ni yo seamos los mismos. Pese a la guerra vivida o gracias a ella. Quedamos nosotros. Y no esta mal. No esta nada mal.

Te lo digo en la puerta de embarque.

Como odio las despedidas. Debería haber una asignatura en el colegio donde te enseñasen a embestir las despedidas, como un torero, en mi caso torera.

Nosotros, que no significa tu y yo, como ejemplo de simbiosis perfecta, sino mas bien tu y yo.

Un tu, que te quedas, que has decidido vivir en la misma casa, en la misma ciudad y con la misma gente y un yo que cruza los arcos de seguridad del aeropuerto, hacia una casa en la que no he vivido, con una gente que no conozco, hacia un país distinto.

Me entiendes, ¿verdad?

Dime que después de no entender nada el uno del otro, de confundir saludos con excusas para iniciar el combate cuerpo a cuerpo, o creer que los silencios estaban preñados de malas babas y ganas de que la relación se muriese por agotamiento para no convertirnos ninguno en un asesino, por favor, dime que ahora me entiendes.

“Quedamos nosotros” te susurro al irme, cuando me he librado del ultimo abrazo, lo lanzo mas bien lo dejo caer entre la multitud de gente con maletas que se van o que vuelven.

Quedamos nosotros, aunque sea mas un quedo yo y quedas tu y miles de kilómetros de distancia.

Un hombre corriente

Era un hombre corriente, de los que se han muerto varias veces y sin embargo llega puntual al trabajo. Con la mirada hecha de trozos de pena, alguna alegría, al fondo ,muy al fondo de esos ojos grises, alguien podría decir de un azul de mar revuelto, el color es lo de menos, era esa sensación que te provoca mirarte en ellos.

Podría llamarse Antonio o Fernando o Pedro.

Su caminar era intranquilo como aguijoneado por una avispa imaginaria que le impedía estarse quieto.

Le conocía de ser la sombra que tuerce la esquina de tu casa y ves pasar desde la ventana a las 21 de la noche en punto.

Una noche no lo vi pasar mas. Le busque un par de días con la mirada sin suerte. Luego olvide todo, su forma, su olor como de prisa gastada contra los adoquines de la acera.

Clavícula de Marta Sanz

Tanto tiempo sin leer o al menos lo parece, la percepción del tiempo es tramposa.

Por eso este libro es como mirarse en un espejo de sensaciones, emociones. Una mirada al mundo de la escritora que te lleva de la mano por la vida, no en mayúsculas, sino en minúscula, esa imperfecta vida que no sale en las noticias por lo cotidiana.

El dolor invisible, de una enfermedad que no esta en los libros de medicina, un vivir con el dolor de un cuerpo y transformarlo en libro. Puede ser real o imaginario.

Es la vida cotidiana hecha relato o cuento o trocito de historia, la historia de una mujer, un hombre, un microcosmo de padres e hijos, de amigos, de viajes.

No es un gran libro, ni lo pretende. Lo recomiendo porque parece de una simplicidad abrumadora sin embargo, relata con soltura trocitos de vida real o inventada me da lo mismo.

 

Película norteamericana Enamorarse (Falling in Love) de Ulu Grosbard

El relato de un encuentro casual en la vida de un hombre y una mujer, marcará el principio de una historia de amor hecha para durar. Empalagosa y tierna a partes iguales.

La forma de caminar de De Niro, tan característica, me llevó a salirme algo de la historia, porque le recordé de mafioso con esos mismos andares.

Se deja ver, sin más. Recomendable una de esas tardes de domingo donde te echas una siesta, y ves una película como esta. Sin grandes pretensiones. Envejece mal, que es una manera de decir que si hoy en día se rodase, no pasaría por las salas de cine.

Película norteamericana La lista de Schindler (Schindler’s List) de Steven Spielberg

Hay que reconocer que el guion es bueno, el director tiene oficio, lo tenía, lo tiene. Los actores también lo tienen. Rodada en blanco y negro, con un momento de color, la niña pérdida entre la barbarie, con abrigo rojo, entonces viva, luego reconociéndola por ese abrigo entre los cuerpos sin vida de los asesinados. Momento que marca el antes y después del empresario,  Schindler.

La guerra saca lo peor del ser humano, la Segunda Guerra Mundial, marco donde se sitúa la historia de los miles de hombres, mujeres y niños trasladados a campos de concentración.  Judíos y no judíos, masacrados a los que se les trató como seres inhumanos.

Me trae a la cabeza lo que ocurre ahora, con la guerra de Siria, con los campos de refugiados en Europa que se parecen tanto a esos guetos vergonzosos de la Polonia ocupada. Y me da por pensar que no hemos aprendido mucho desde entonces, solo a mirar descaradamente hacia otro lado.

Pensar también en los judíos en Israel con los palestinos. La violencia es contagiosa. Para muestra echar un vistazo a la actualidad.

Buena película en general, no es de mis favoritas, le falta sentimiento que no sentimentalismo. E incluso ahora, con el paso del tiempo, le falta perspectiva.

kms de distancia

Allí estábamos, los cuatro haciendo malabares con el tiempo. Me imaginaba que vendría el camarero o la camarera y pitaría tiempo muerto. No pasó nada parecido.

Esteban estaba sumergido en un silencio profundo y espeso, Jorge parecía estar a 10.000 kms de distancia, Lorena hacía y deshacía un bucle infinito con un mechón de su pelo negro.

Pensé que habíamos hecho el esfuerzo para nada. Últimamente vernos suponía un esfuerzo mal disimulado. Estuve por mandar un mensaje de whassap, diciendo “no puedo ir”. No lo hice, porque mi pepito grillo me susurró al oído que fuese. Sin pensar. A veces pienso demasiado. Creo que todos coqueteamos con la misma idea y nadie se decidió a mandar el mensaje diciendo que no venía.

Y allí estábamos, sentados en aquella mesa con olor a madera siendo un sucedáneo, estaba hecha con virutas compactas del polvo de la serrería. Era lo más interesante de aquella noche. Sugirieron beber y acabamos borrachos. Recogí al despedirme del suelo, los trozos de nostalgia por los días donde podíamos reírnos y llorar juntos. Recogí también las ganas de vernos y las tiré al salir junto a la colilla, a la papelera.

No les dije que Tatiana y yo estamos intentando ser madres. Ni les conté que en la última revisión ginecológica me han detectado un bulto extraño en el pecho que me ha hecho sentir miedo, un miedo irracional que a veces se me queda pegado en la garganta y no me deja hablar. Tampoco hemos hablado de la muerte del padre de Esteban. Esa que me perdí por estar lejos, hace un mes. Este viaje era para vernos, para abrazarnos. Solo quería eso. Me imaginé que todos teníamos en la cabeza una idea preconcebida. Me imaginé y al final no dije nada. Nadie dijo nada.

Todo pasó deprisa y me di cuenta que Tatiana estaría en casa esperándome. Me lamería las heridas cuando me pusiese a llorar porque acababa de enterrar una amistad que creía infinita.

Creo que ya puedo ser madre. Hasta ayer tenía mis dudas.

Rocco

Quien no tenga mascotas no lo va a entender.

Así que hablo para los amantes de los animales. Llevo dos días y sus noches conectado a Facebook recibiendo las condolencias de un grupo de gente que conocí a través de esa red social. No nos hemos visto nunca físicamente pero noto el calor humano de sus sentidas palabras. Llamé a mi jefe y entendió perfectamente que me cogiese dos días libres.

En esas 48 horas mi vida ha dado un giro de 360 grados y no solo por la pérdida de Rocco. En el muslo derecho tengo un hueco para el tatuaje que me voy a hacer. He repartido mi tiempo entre Facebook y búsquedas de tatuajes en google.

Me voy a tatuar a Rocco, mi difunto perro. Un tatuaje en blanco y negro. Ya tengo todo preparado. Estoy ultimando los detalles. Tengo cita con la tatuadora a las 17. Antes he de pasarme por el crematorio a recoger las cenizas de Rocco. Me voy a hacer un tatuaje con sus cenizas.

Película británica The Duke of Burgundy de Peter Strickland

Drama amoroso entre dos mujeres que establecen una relación sexual sadomasoquista. La película no cuenta lo que quiere, lo descubrí al ver los ¡¡¡45 minutos!!! de escenas extras, donde el director cuenta otra historia, o perfila la que se cuenta en la cinta, que se queda a medias, inconclusa.

Me recordó, salvando las inmensas distancias,  a la cinta de La ardilla roja de Julio Medem, donde las imágenes de la televisión del documental sobre la ardilla roja que estaban siendo vistas por el protagonista se mezclaban con la historia contada en la cinta.

En esta película, las polillas y mariposas, son parte interesada que no interesante de un relato que se queda corto en todo, en la historia amorosa, en la historia sexual, en general. Y se hace larga, demasiado larga. Vi los 45 minutos extras, para comprobar si había perdido matices y sutilezas de la historia. Son bastante prescindibles los extras, también la película. Lo más interesante los datos de las polillas y mariposas y tampoco llega. Es una película plana y eso decirlo de un drama amoroso hace que me haya dejado indiferente.

Bomba de relojería

Duele aunque no tenga nada roto.

Duele tanto que parece que alguien ha instalado una bomba de relojería dentro de mi cuerpo, cerca del corazón, encajonada entre las costillas haciendo tic tac, como el reloj que se come el cocodrilo que persigue al capitán Garfio. Oigo el tic tac en mi cabeza y noto como el corazón se ha hecho pequeño para dejar espacio a la bomba. Duele, por si no ha quedado claro desde el principio.

Hace 12 horas no dolía, a las 9 de esta mañana de un día cualquiera de este otoño que tiene un sabor a verano tardío, creí haber recibido una de las mejores noticias del año.

Fue aquella llamada que había estado esperando, confirmándome que tenía la segunda y definitiva entrevista del trabajo para el que me he estado preparando durante tanto tiempo. Tan solo un cambio, el trabajo que podía ofrecerme está a 500 km de donde vivo, un contratiempo, un revés, un momento de duda. Al colgar le llame, para comentarle las noticias, empecé por las malas, lo de los 500 km.

Nuestra relación intermitente no había crecido en los momentos en los que decidimos poner kms de por medio. Era consciente, desde la última vez que estuvimos separados y pese o gracias a las redes sociales y las conexiones en remoto, había descubierto que las discusiones online dejan igual de mal sabor de boca que las discusiones en vivo, mientras que los besos, abrazos y por supuesto el sexo cibernético crea una barrera física difícil de superar cuando nos vemos.

En mi cabeza daba por hecho que a pesar de vivir cada uno en una casa, era algo temporal. Pese a la intermitencia de la relación, íbamos a vivir juntos, 12 horas antes mi vida iba a ser igual compartiéndola con él.

Le explique lo del trabajo y añadí al guiso mis dudas por cómo afectaría a nuestra relación. Me sorprendió la rapidez de su respuesta, no hubo lugar a la duda, no me dijo vamos a pensarlo, por si pudiésemos mudarnos juntos a 500 km. No. Me dijo que ese trabajo sería lo mejor para mi carrera y para mi vida, que no lo dudase.

Ahora tengo una entrevista de trabajo la semana que viene y una bomba de relojería en mi pecho.

Esta tarde preparo la entrevista y tendré sexo con el extraño con el que creí tener una relación.

La vida tiene un extraño sentido del humor.